MIGUEL A. GÓMEZ-MARTÍNEZ

Prensa

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Cierto desconcierto


Cierto desconcierto

2017-09-29

La Orquesta y Coro de Radiotelevisión Española comenzaban su nueva temporada tras un verano de mudanzas y traslados sobrevenidos por las obras de remodelación del maltrecho y disfuncional Teatro Monumental de Madrid, que ha sido su sede desde hace décadas, y lo hacía en el ultramoderno e infrautilizado Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. No todo en el exilio ha de ser malo, sobre todo para los artistas, que habrán encontrado en el nuevo teatro unas instalaciones más dignas y propicias para ejercer su trabajo que en el coliseo madrileño, en el que las condiciones distaban mucho de ser óptimas.

El traslado de sede podría haber sido, con una planificación más anticipada, una fuente de oportunidad para atraer nuevos públicos y generar una audiencia más diversa que la habitual en los conciertos del Monumental. Sin embargo, y pese a disponer el ente de la mayor plataforma publicitaria del país al servicio de sus propias instituciones, todo está aún en un terreno movedizo marcado por la provisionalidad y la incertidumbre. Esta misma incertidumbre es la vivimos en una inauguración que, a la sombra del Monte Abantos, no alcanzó la grandeza que debería caracterizar a una institución con grandes medios a su alcance. El auditorio registró una media entrada (el entresuelo no sale a la venta), con una sensación de familiaridad en un público que parecía más motivado por la novedad de la excursión que por el concierto en sí.

La velada se abrió con las Variaciones de Brahms sobre un tema de Haydn, en una lectura sin demasiado interés y con notables errores de encaje rítmico, sobre todo en el inicio de cada variación. La acústica de la sala, muy diferente de la del Monumental, favorece claramente a la sección de viento, siempre mucho más sonora que unas cuerdas de las que habría cabido esperar un volumen más alto y una textura más contundente.

En la segunda parte, el Coro RTVE contó con los profesores del Coro de la ORCAM para abordar una obra de carácter mucho más monumental, el Salmo del finlandés Uuno Klami (1900-1961), cantado en finlandés. Es una obra interesante y de texto desgarrador, en la que el compositor afloja la tensión permitiendo disfrutar de infinidad de melodías que luego son absorbidas en la masa orquestal en números de una densidad armónica y orquestal más impactantes.

Hablando de textos: la oscuridad de la sala hacía imposible leer la traducción ofrecida en el programa de mano, ¿sería posible considerar —existiendo la infraestructura— disponer de sobretítulos? Sin duda, mejoraría sobremanera la experiencia musical.
La orquesta y los coros pugnaron en su intervención por encajar la música en los lugares adecuados, y solo hacia las postrimerías del salmo se pudieron vivir momentos emocionantes con un crescendo casi infinito bien gestionado por las voces. Hasta entonces, desconcierto, ininteligibilidad de los textos y una dinámica forteestandarizada en la que poco podía hacer el coro por sobresalir. En los coros destacaron por su claridad, afinación y aparente facilidad los primeros tenores, consistentemente buenos durante todo el Salmo. Igualmente acertada la soprano solista, Marjukka Tepponen, con una emisión homogénea y de bonitas cualidades, aún con una acústica muy poco favorecedora debido a un volumen orquestal aplastante.

El público agradeció con una entregada ovación el trabajo de los profesores de orquesta y (especialmente) coros, si bien la sensación se mantuvo extraña. ¿Era este el programa y el lugar para inaugurar la temporada de una de las mejores agrupaciones profesionales del Estado?.


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