
2018-10-03
por Miguel Ángel Gómez-Martínez
Como he expresado siempre, creo muy necesario para toda orquesta interpretar ópera, incluso tratándose de la versión en concierto, porque aumenta exponencialmente la flexibilidad de sus músicos para la interpretación de cualquier tipo de música. En las dos temporadas que llevo al frente de la Orquesta RTVE se han interpretado al menos dos óperas en versión concierto al año. En esta temporada será también así. ¿Por qué precisamente Fidelio? Porque la considero una de las óperas más importantes de la literatura musical, de enorme dificultad para orquesta, coro y solistas, y que constituirá un reto para nuestras agrupaciones; también por una inclinación personal hacia este título, ya que gracias a él comenzó mi carrera internacional, tras mi interpretación de dicha obra en la Deutsche Oper de Berlin, hace ahora 45 años. Realmente creo que el programa completo de esta temporada es de gran envergadura. Pienso que plantea una gran variedad, tanto en estilo como en autores, y que ofrecerá ocasión a Orquesta y Coro de un gran lucimiento. Es la idea fundamental que, en mi opinión, debe contener la temporada de una orquesta de las características de la nuestra: una orquesta de radio que debe ofrecer una gran variedad y versatilidad a nuestros oyentes, dentro de una calidad siempre lo más alta posible.
Fidelio, una ópera «casi sinfónica»
Por regla general, cualquier ópera es para un director de orquesta técnicamente más difícil que una obra sinfónica. Son muchas más las circunstancias musicales y extramusicales que concurren en las óperas, lo que provoca mayores dificultades. En el caso concreto de Fidelio, la mayor complejidad consiste en su característica especial como ópera «casi sinfónica», ya que su discurso compositivo nunca es simple, como tampoco su estructura armónica se somete a los dictados o limitaciones del canto. Beethoven nunca pensaba en otra cosa que en «lo que le decía el espíritu», y esto le lleva a escribir sin tener en cuenta las dificultades técnicas que su música pueda entrañar. Por mi parte, acometo esta obra como todas las demás: bajo el punto de vista de la fidelidad más exacta posible a las intenciones del compositor, que están muy claramente plasmadas en la partitura, en su estilo y en su época musical.
El director musical en la ópera
En cualquier obra es importante el papel del director. Tiene que cuidar de que en la interpretación funcione todo con naturalidad y evitar que las dificultades interpretativas lleguen a transmitirse a los oyentes. Todo, en conjunto, debe aparecer como si fuese fácil, sin problemas. También debe ayudar a los músicos, solistas cantantes y miembros del coro para que puedan ejercer su trabajo con la menor dificultad posible, velar por una interpretación cuidada, rigurosa y fidedigna, etc. Fidelio no es una excepción. En esta obra se añaden complicaciones técnicas excepcionales, como ya he indicado antes, por las características de la formula compositiva tan particular del autor. Hoy en día los monitores son imprescindibles para que quienes actúan o tocan detrás del escenario puedan interpretar unidos a los miembros de la orquesta que están en el foso y con los cantantes que están en el escenario. Estos monitores se colocan de forma que los intérpretes «en off» puedan ver claramente las indicaciones del director que está también en el foso. Sin embargo, se debe tener en cuenta que los monitores son un artefacto técnico de creación reciente, que no existía en la época de la composición de la mayor parte de las óperas del repertorio. Cuando los monitores no existían, tenía que haber un «maestro interno» que dirigiera a esos intérpretes «en off». En los decorados se practicaban orificios, a través de los cuales el «maestro interno» veía al director en el foso y tenía que seguir escrupulosamente las indicaciones que este dictaba. Naturalmente que esa técnica entraña una dificultad añadida, así como que el «maestro interno» tenía que ser muy hábil para poder desempeñar su labor. Cuando yo comenzaba mi carrera profesional era este el sistema que se utilizaba, ya que en los años 70 del siglo pasado los monitores existían solamente en los grandes teatros de ópera. Yo mismo he sido «maestro interno» en mis principios, en los teatros de Sankt Pölten y de Lucerna, donde aún no se habían introducido los monitores, y les puedo asegurar que es un trabajo dificilísimo. Pero es que también hay que preguntarse cómo se iluminaban los escenarios cuando aún no existía la electricidad, cómo se podía utilizar un órgano sin la posibilidad de retransmitirlo simultáneamente desde cualquier otra sala donde estuviera instalado... y tantas otras cuestiones que hoy están muy facilitadas por las enormes posibilidades técnicas de nuestra época.
Fidelidad a la partitura
Beethoven, como todos los compositores geniales, ha dejado clarísimo en todas sus obras cómo deben ser dirigidas, entendidas, tocadas, cantadas y, en general, interpretadas. Aportar criterios propios es muy fácil, los tenemos muy a mano, ya que son nuestros. Es mucho más difícil tratar de abstraerse completamente de la propia personalidad para introducirse en la del compositor. Cuando se consigue, sin embargo, la personalidad propia del intérprete crece enormemente. Claro que para ser capaces de eso hay que tener muchísima cultura musical e histórica y un gran conocimiento del análisis y la técnica, de forma que se dominen con la mayor perfección posible las características interpretativas de cada época y autor. Aclarar cómo se adquieren estos conocimientos requiere mucho más espacio del que dispone una respuesta a esta pregunta, pues precisa la exposición completa y profunda de los preceptos y métodos que utilizo, basados y desarrollados desde los trabajados en Viena con Swarowski. Sin embargo, esto no significa que el intérprete no tenga un margen interpretativo. Lo tiene, pero dentro de unos márgenes muy claramente determinados por el compositor. Realmente nuestro público tiene suerte. Nuestra Orquesta y Coro son de una calidad contrastada, no solo por sus actuaciones en España, sino por las que ha realizado también en el extranjero, incluso en países donde existen orquestas y coros de primerísima «fila». Probablemente, habrá oportunidad de volver a constatar que la Orquesta y Coro RTVE puede competir con la mayoría de las orquestas y coros más prestigiosos del mundo. Esta temporada cuenta con directores y solistas de gran renombre y con un programa en el que se interpretarán obras de alta calidad, pero no muy habituales en las salas de conciertos (El Rey David, de Honegger; el Salmo de Jesús, de Holst; The music makers, de Elgar; La Rondine, de Puccini, etc.), así como varios estrenos de obras de excelentes compositores actuales. Creo que todos estos factores dan un atractivo especial a esta Temporada de Conciertos y animo fervientemente a nuestro público a llenar las salas y teatros en que actuaremos.
