MIGUEL A. GÓMEZ-MARTÍNEZ

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Festival Internacional de Música de Santandar. Crítica Ricardo Montañón


Festival Internacional de Música de Santandar. Crítica Ricardo Montañón

2016-08-31

Noches muy seductoras las vividas en el Festival Internacional de Santander través de la doble cita de la Sinfónica de la RTVE.

Porque si en la edición que ahora concluye la música española ha tenido una relevancia centrada en parte por el recuerdo a Enrique Granados al cumplirse el Centenario de su muerte, en una de las veladas más esplendorosas de la Sala Argenta, la orquesta de Miguel Ángel Gómez-Martínez, su flamante Director Titular, y la maestría del excelente pianista Joaquín Achúcarro, recrearon de manera ejemplar dos páginas capitales de nuestro arte sonoro. Lo es sin duda alguna “Las noches en los Jardines de España” de Manuel de Falla, estrenada hace 100 años con el pianista José Cubiles. En esta ocasión ha sido nada menos que Achúcarro, el intérprete siempre en estado de gracia, quien ha traducido este bellísimo tríptico impresionista con toda su verdad y su hondura. Desde el clima nocturnal que brota del Generalife, su primera impresión, hasta la que tiene como fondo los jardines de la sierra de Córdoba, con sus sonoridades centelleantes, pasando por el encantamiento muy bien comprendido de la Danza lejana, nocturno al que el universal bilbaíno dotó de una dúctil ensoñación. Porque cuando en él los medios técnicos y expresivos son ecuación perfecta, se produce el milagro y así la abundancia de rinos y arpegios en los que subyacen los ecos de la guitarra nunca descriptivos, fueron fluyendo con pasmosa claridad, en todo momento estupendamente ensamblados con el conjunto radiotelevisivo, inteligentemente dirigido por Gómez-Martínez, impecable concertador que ya en su plenitud contribuyó a que estas quintaesenciadas noches queden en el recuerdo de todos. Así lo reconoció el público a lo que Achúcarro respondido con el Preludio-Nocturno para la mano izquierda de Alexandre Scriabin.

Pero si las noches en los jardines de España del músico gaditano fue el centro de esa jornada, lo español también estuvo presente con la Procesión del Rocío, pág9na clave en la fecunda producción del sevillano Joaquín Turina, traducido con cuidada matización en la que late el consustancial clima andalucista de su autor, que habría el programa. Lo cerró la muy bien construída Quinta Sinfonía de Tchakovski, desde su sombrío Primer Movimiento hasta el intenso de clausura, pasando por el lirismo del Segundo y el Vals de contenida tristeza del Tercero. Todo funcionó con alto nivel, rubricando así la segura dirección de Gómez-Martínez en uno de sus mejores momentos de su ya dilatada trayectoria artística ratificada en el FIS, al que brindó como bis la Polonesa del Tercer Acto del Eugeni Oneguin, también de Tchakovski.

El Diario Montañés


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